Chica preguntando a su psicóloga si es difícil la carrera de Psicología
Psicología y Sanidad

La carrera de Psicología: Dificultad y retos

¿Es difícil la carrera de Psicología? Esta es una pregunta que aparece una y otra vez en pasillos, foros y conversaciones de café, y no es casualidad. La Psicología tiene esa mezcla rara de ciencia y humanidad que atrae mucho… y que también exige bastante. En este nuevo artículo vamos a ponerle palabras (y algo de números) a lo que suele preocuparnos cuando pensamos en matricularnos: carga de estudio, asignaturas, prácticas, presión emocional y, sobre todo, qué retos reales nos esperan en el camino.

1Qué significa que “sea difícil” en Psicología

Cuando decimos que la carrera de Psicología es difícil, normalmente estamos metiendo en el mismo saco tres cosas diferentes:

  • Carga de trabajo: tiempo real de estudio y práctica.
  • Complejidad conceptual: aprender a pensar como una ciencia (hipótesis, evidencia, sesgos, datos).
  • Impacto emocional: tratar con sufrimiento, vulnerabilidad y dilemas éticos, incluso desde la etapa formativa.

En el sistema ECTS, un curso académico a tiempo completo suele equivaler a 60 créditos, y la referencia europea sitúa la carga entre 1.500 y 1.800 horas por curso; en otras palabras, cada crédito ronda 25–30 horas de trabajo. Eso ayuda a entender por qué, aunque no tengamos “clases” todo el día, la semana se llena de lecturas, prácticas, informes y preparación de exámenes.

Y aunque haya parte vocacional, no lo hace más fácil. De hecho, a veces lo complica, porque nos tomamos los casos y los debates como algo muy personal.

2Razones por las que Psicología puede ser difícil

1. El primer gran reto: metodología, estadística y pensamiento crítico

Si nos preguntan por la asignatura que más “asusta” al principio, suele ganar por goleada: Métodos y Estadística. No porque sea imposible, sino porque mucha gente llega con una relación complicada con los números.

En Psicología, los datos importan y mucho. Durante la carrera aprendes a interpretar resultados, a distinguir correlación de causalidad, a evaluar si un estudio está bien diseñado y a detectar sesgos. Esa base es la que, más adelante, nos permite hablar con propiedad cuando leemos investigaciones o aplicamos técnicas.

Un truco que suele funcionar es dejar de ver la estadística como un examen y empezar a verla como una linterna. Nos ayuda a no quedarnos con titulares y a entender qué hay detrás.

Aquí encaja muy bien asomarnos a enfoques prácticos, como la Psicología aplicada, porque cuando conectamos teoría con casos, lo “difícil” se vuelve más manejable.

2. Mucha lectura… y no toda es ligera

Otra razón por la que es difícil la carrera de Psicología para algunas personas es que el volumen de lectura puede ser alto. Hay manuales, artículos, capítulos, guías clínicas, protocolos… y a veces se nos junta todo.

Lo que suele marcar la diferencia no es leer más rápido, sino leer mejor y entender:

  • Subrayar con intención (no colorear por ansiedad).
  • Hacer resúmenes que realmente nos sirvan para repasar.
  • Practicar preguntas tipo test o casos breves para comprobar si entendimos.

Además, no todo es memorizar, ya que hay conceptos que piden comprensión profunda: aprendizaje, memoria, emoción, personalidad, psicopatología… y cada bloque tiene su propia lógica.

Si estamos comparando opciones académicas, suele ayudar mirar el mapa completo de carreras universitarias online, porque entender el estilo de evaluación y el tipo de competencias que se trabajan cambia mucho nuestra sensación de dificultad.

3. Prácticas y contacto con la realidad: el punto de inflexión

A partir de cierto momento, la Psicología deja de ser sólo teoría y se convierte en observación y práctica guiada. En muchas universidades el plan incluye un componente práctico relevante (prácticum, seminarios, talleres, elaboración de informes). Y aquí llega uno de los retos más sinceros: cuando vemos casos reales (o simulados de forma seria), nos damos cuenta de que “saber” no siempre significa “saber hacer”.

Por ejemplo, en clase podemos entender un modelo de entrevista, pero otra cosa es sostener el silencio, formular una pregunta sin sesgar, o redactar un informe claro y ético. En este momento se suele reforzar una idea: estudiar Psicología es también entrenar habilidades. Para quien viene buscando solo teoría, puede ser una sorpresa.

Chico preguntando a su psicóloga si la carrera de Psicología es difícil

 

4. El reto emocional: empatía, límites y autocuidado

Aquí no vamos a dramatizar, pero tampoco a maquillar. La Psicología puede tocar temas duros. Y aunque el grado no nos convierte automáticamente en terapeutas, sí nos expone a historias y problemáticas que remueven.

Por eso es tan importante aprender a poner límites:

  • No “diagnosticar” a amigos y familia.
  • No confundir curiosidad con invasión.
  • Saber decir “no lo sé” y buscar supervisión.

En este punto suele ayudarnos también mirar otras áreas de salud para entender el peso de la responsabilidad. Por ejemplo, mucha gente que viene de preparación o formación sanitaria se cruza con recursos como la EPA en Enfermería, que recuerdan que la parte humana es preciosa, pero exige estructura, ética y cuidado personal.

5. Salidas y especialización: cuando el camino se bifurca

Mucha gente llega con la idea de “quiero hacer clínica” y ahí conviene ser realistas, puesto que el grado abre puertas, pero la especialización requiere pasos adicionales. En España, si lo que queremos es acceder a la Psicología Clínica en la sanidad pública, la vía habitual es el PIR, que se consigue mediante una oposición (examen competitivo) y es muy exigente. Además, cada año se ofertan un número limitado de plazas.

Esto no significa que no haya otras rutas. Si lo nuestro es la clínica, también podemos optar por el ámbito privado (por ejemplo, en centros, gabinetes o consultas), normalmente completando la formación habilitante correspondiente, es decir, el Máster en Psicología General Sanitaria. Y, además, hay psicología educativa, recursos humanos, intervención social, neuropsicología, investigación, deporte… y la lista sigue.

3Estrategias prácticas para llevarla bien

No existe la fórmula mágica, pero sí hábitos que suelen funcionar:

  1. Planificar por semanas, no por “cuando pueda”. El estudio se hace más ligero cuando lo repartimos.
  2. Practicar con casos. Aunque sea inventado, entrenar la aplicación ayuda muchísimo.
  3. Grupo pequeño y serio. Dos o tres personas que sumen, no un chat infinito.
  4. Cuidar el descanso. En Psicología se nota: estudiar cansados nos hace interpretar peor y recordar menos.
  5. Volver a la motivación inicial. Apuntarnos por qué empezamos nos rescata en semanas duras.

Si además nos interesa comunicar ciencia de forma clara, hay recursos que conectan muy bien con el espíritu de la disciplina, como el Máster en Divulgación Científica, donde aprender a explicar evidencia con rigor también refuerza nuestra base.

 

Después de todo lo dicho, la respuesta nos sale bastante clara. Es difícil la carrera de Psicología cuando la afrontamos como si fuera solo memorizar apuntes, cuando nos da pereza la parte de datos y metodología o cuando nos olvidamos de cuidar la cabeza (y el cuerpo) en épocas de carga. Ahora bien, si aceptamos que Psicología se aprende mezclando evidencia, práctica y ética, el camino se vuelve mucho más llevadero. Al final, lo más desafiante de esta disciplina es también lo que la hace única; trabajamos con personas, y eso significa complejidad.

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