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La esperanza es UTAMED

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Es una idea poderosa: que desde Málaga se puede crear una institución universitaria digital pensada para el siglo XXI, conectada con el mundo empresarial y adaptada al mercado laboral actual

La esperanza es Utamed

Hay ciudades que se explican a través de sus monumentos. Otras a través de sus empresas. Y algunas, vete tú a saber, se explican por ambas cosas. Aunque no siempre con el mismo nivel de acierto.

Málaga pertenece a esta tercera categoría. La más curiosa de todas. Una ciudad capaz de levantar proyectos empresariales que miran al futuro con inteligencia y ambición. Y al mismo tiempo plantar en su puerto dos estatuas que parecen haber escapado de una tienda de souvenirs de Benidorm. Esta convivencia entre lo brillante y lo cateto forma parte, así es queridos amigos, de nuestro particular ecosistema.

Pero en medio de ese paisaje de contradicciones, a veces surge algo que invita al optimismo. Algo que demuestra que esta ciudad -y sus gentes- también son capaces de generar proyectos serios, modernos y con vocación de transformar la sociedad. Algo que nos recuerda que Andalucía no es solamente el territorio donde los tópicos vienen a pasar el invierno.

Y ese algo, en este caso, se llama UTAMED.

Conviene detenerse un momento en lo que significa realmente este proyecto. La Universidad Tecnológica Atlántico Mediterráneo es una universidad privada andaluza completamente online y con sede en Málaga. Dicho así suena técnico. Incluso burocrático. Pero detrás de esa definición hay algo mucho más interesante. Hay una idea poderosa. Que desde Málaga se puede crear una institución universitaria digital pensada para el siglo XXI. Conectada con el mundo empresarial y con una metodología flexible adaptada al mercado laboral actual.

Poca broma. Durante décadas hemos vivido bajo el peso de una losa cultural bastante injusta. Andalucía ha sido retratada demasiadas veces como un lugar pintoresco donde la gente canta muy bien, cocina todavía mejor y, en general, se dedica poco a esas cosas tan serias como la innovación, la empresa o el conocimiento.

Un retrato injusto. Pero eficaz. Porque los tópicos funcionan así. No necesitan ser verdad para convertirse en verdad aceptada. Por eso resulta tan estimulante que en Málaga nazca una universidad digital con vocación internacional. Un proyecto académico que aspira a formar profesionales desde Andalucía para el mundo. No es solo una universidad. Es una declaración de intenciones. Es un ¿QUÉ PAZA? -preguntado así con potencia de acento local cerrado-.

Es decirle al mundo que desde el sur también se piensa. Se investiga. Se construyen proyectos de largo alcance. Y aquí conviene hacer una reflexión que, en estos tiempos, puede resultar incómoda para algunos espíritus sensibles. El dinero, en efecto, es dinero. Da igual si se gana vendiendo mortadela, fabricando pistolas o desarrollando plataformas tecnológicas. Cada cual lo obtiene como puede.

Pero hay una diferencia enorme entre lo que uno hace con ese dinero después.

Porque llega un momento en la vida de los grandes tenedores de recursos en el que la cuestión deja de ser cuánto crecer. Pasa a ser cómo crecer. Y ahí es donde se revelan las verdaderas vocaciones.

Hay quienes optan por el camino fácil. Multiplicar capital. Invertir en cualquier cosa que prometa rentabilidad rápida. Y desaparecer discretamente hacia alguna isla fiscal con un clima estupendo y una legislación muy comprensiva. Y luego están los otros. Los que deciden invertir en proyectos que construyen algo para los demás.

Crear una universidad es, probablemente, una de las formas más nobles de hacerlo. No porque las universidades sean perfectas. Dios nos libre. Pero representan una apuesta por el conocimiento. Por la formación de personas. Por la transmisión de ideas. Y eso siempre es un acto de fe en el futuro.

En el caso de UTAMED hay además un elemento particularmente interesante. Su voluntad de integrarse en la vida intelectual de la ciudad. No quedarse encerrada en un campus digital. Abrir espacios de reflexión y encuentro. Ahí entra en juego el Ágora.

El nombre no puede ser más acertado. En la antigua Grecia el ágora era el lugar donde los ciudadanos se reunían para conversar, debatir y pensar la ciudad. Un espacio donde la palabra era una herramienta de construcción colectiva.

Algo así pretende ser este foro impulsado por esta familia. Un punto de encuentro entre pensamiento, empresa, cultura y sociedad. Un balcón de notables -con sus buenos costes seguro- para Málaga. Un lugar donde las ideas puedan circular con cierta libertad y donde Málaga pueda mirarse a sí misma con una altura intelectual que nunca sobra. Las ciudades que tienen foros donde se conversa con inteligencia suelen equivocarse menos. Y esto es lo verdaderamente interesante de la historia.

En Málaga, como decía al principio, podemos levantar un proyecto universitario internacional y, a pocos metros, colocar esculturas que podría haber tenido Michael Jackson en los jardines de Neverlan. Es nuestro equilibrio natural -por decirlo elegantemente-. Sin embargo, en medio de esas contradicciones hay algo que permanece. Una cierta esperanza.

La esperanza de que esta ciudad siga siendo capaz de generar proyectos valientes. De que sigan apareciendo personas dispuestas a apostar por ideas grandes en lugar de conformarse con negocios únicamente rentables. Porque crear una universidad exige algo más que dinero. Exige visión. Supongo que paciencia. Y exige creer que el conocimiento sigue siendo una de las mejores inversiones que puede hacer una sociedad.

En una tierra acostumbrada a convivir con el peso de los tópicos, que florezcan iniciativas así tiene algo de milagro civil. Un pequeño acto de rebeldía contra la caricatura. Y quizá por eso conviene recordarlo de vez en cuando.

Las ciudades avanzan gracias a proyectos que nacen de algo tan sencillo como una convicción. La convicción de que el futuro merece ser construido. Y en Málaga, hoy, esa convicción tiene uno de sus nombres bastante definido. Se llama UTAMED.

Y si uno mira con un poco de perspectiva todo lo que representa y será, resulta difícil no pensar que hay proyectos que tienen algo más que financiación, planificación y estrategia.

Tienen algo parecido a una virtud. Algo que, en esta tierra nuestra, siempre ha tenido un nombre muy concreto.

Esperanza.

Viva Málaga.